La justicia contra Gramsci

Un nuevo ejemplo histórico del concepto de justicia de clase de la burguesía.

Tumba de Gramsci en Roma

Más citado que leído, Gramsci ni siquiera ha sido bien traducido. No sólo no ha sido bien traducido de una lengua a otra, sino que no ha sido bien traducido políticamente: hoy es un referente del postmarxismo y la izquierda populista y ha sido abandonado por las/os marxistas.

Gramsci debe estar revolviéndose en su tumba: Gramsci, aquel que odiaba a quien no tomaba partido, aquel que señalaba la necesidad de la formación, aquel que combatía las posiciones pequeño burguesas en el partido, aquel que arremetía contra parlanchines y reclamaba la praxis: aquel que anhelaba la transformación socialista de la sociedad descansa olvidado por las/os suyas/os, reclamado por las/os traidoras/es.

Gramsci, el filósofo de la praxis, fue parlamentario. Fue parlamentario y, añadimos, tenía inmunidad. Pero su posición jurídica no iba a ser un obstáculo para el régimen ni para la justicia: este italiano era muy peligroso. Un 5 de noviembre de 1926 el gobierno italiano disolvía los partidos y tres días más tarde encarcelaba a Gramsci.

El gobierno italiano, conocedor de las capacidades de Gramsci, pudo concretar su necesidad para que la justicia fallase de la forma que debía fallar: reclamó que el cerebro de Gramsci no trabajase durante veinte años. La justicia, atendiendo a las necesidades de la patria, cristalizó para satisfacer la necesidad política y no falló en su veredicto: Gramsci fue condenado a algo más de veinte años de prisión.

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