La Habana no son dos días

Me preguntan si defiendo a Cuba…

-¿Y sigues defendiendo Cuba?

No doy crédito. Recién llego al país. ¿Si sigo defendiendo a Cuba? ¿Pero la pregunta es en serio? Al no responder rápidamente realiza una segunda pregunta:

-¿Sigues pensando que la gente allí vive bien?

Es la pregunta, claro. Es la cuestión central del debate, queramos o no. Ecuador o Perú importan bien poquito. La pregunta me la siguen haciendo los días siguientes, incluso me realizan otras más complejas:

-Y las medidas que está tomando Cuba, ¿qué te parecen? ¿Eran necesarias?

He estado muy poquitos días en Cuba, y los he pasado todos en La Habana. Quería ir a Santa Clara, la ciudad que tomó Guevara, y quería ir a Santiago en busca de dinosaurios, pero será en otra ocasión. Preferí dedicarme por completo a La Habana. La Habana es inmensa, necesitas muchos días para verla. Yo, al menos, necesitaría muchos más días de los que pasé allí. Digo “yo, al menos”, porque cuando dije que iba a Lima me dijeron varias personas:

-Lima se ve en dos días.

No me bastaron bastantes más de dos días. Lima tiene unas dimensiones que sobrepasan lo imaginable. Me faltaron muchas cosas por ver en Lima. Para ver la prostitución basta un rato, y para ver la pobreza también. Para ver la miseria y las obras colosales, en este año electoral, también. Pero para conocer Lima no. Es cierto: la parte puramente turística son un puñado de cuadras, pero eso no es conocer Lima. Ni siquiera me parecieron representativas. La casa de Mariátegui no está en la Lima turística, pero tampoco Huaca Huallamarca o Huaca Pucllana. Apenas dediqué uno de los días unas horas a la parte turística, que tiene cerca, entre otros, el Museo de la Inquisición y del Congreso: la visita guiada –aunque breve y rápida- mereció mucho la pena.

Lo mismo me dijeron de La Habana:

-La Habana se ve en dos días.

No sé qué puedes ver en La Habana en dos días. A pasear por La Habana y contar los bustos de José Martí, o a buscar los distintos murales políticos, puedes dedicar mucho más de dos días. Los libros y elementos para turistas de la Plaza de Armas pueden llevarte las horas que quieras. También visitar las distintas fortalezas que defendían la bahía puede llevarte bastante tiempo. Y los propios museos: La Habana está, literalmente, llena de museos. Algunos de ellos los puedes ver en poco tiempo, como las casas de José Martí o de Guayasamín, pero en el Museo de la Revolución puedes pasar un día entero. Ese museo cuenta toda la historia reciente de Cuba, aunque está limitado por el espacio. Si el antiguo Palacio Presidencial fuese más grande aún podrían ampliar la parte dedicada al museo, y de hecho algunos cambios parecían haberse hecho recientemente, o al menos en fechas no muy lejanas. Y si además cuando vas a La Habana tiene lugar la Feria Internacional del Libro… ahí puedes pasar, no uno ni dos, sino todos los días que quieras, desde que la ponen hasta que la quitan.

No, no soy capaz de ver ninguna ciudad en dos días. Allá donde llego necesito muchos más días. Y si no soy capaz ni siquiera de ver una ciudad, La Habana, en dos días, mucho menos puedo saber si las medidas económicas que están tomando son las adecuadas –máxime cuando no he estado antes y, por lo tanto, no puedo comparar-.

Una cosa sí es clara: sigo defendiendo a Cuba. Y otra cosa es clara: ya no pienso que la gente viva bien allí. Ahora lo he visto: ahora lo sé. Sí: en Cuba se vive bien.

Ya entraremos en detalle.

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