El capital contra la humanidad: el International Slavery Museum y el People’s History Museum

Inglaterra…

Liverpool
Las cicatrices del pasado industrial no se pueden borrar de los ojos de Liverpool ni de Mánchester, que hoy brotan sangre: decenas de personas duermen al raso, decenas de personas no tienen nada que echarse a la boca, decenas de mentes esperando morir en el estercolero de la sociedad inglesa, de la sociedad burguesa. Decenas de personas pasan frío y hambre y quizás morirán en las próximas semanas. En Mánchester no es raro encontrar tiendas de campaña integradas ya como elementos del urbanismo del siglo XXI.

Liverpool, lugar industrial, cuna de la clase obrera, cuna de The Beattles, no puede negar su pasado. Tampoco lo puede hacer Mánchester. Decenas de edificios y de infraestructuras se encuentran diseminadas por ambas ciudades que, además, tampoco quieren negar su pasado: la primera alberga el International Slavery Museum; la segunda el People’s History Museum. Liverpool nos cuenta que la acumulación originaria del capital se construyó esclavizando y deportando un continente; Mánchester nos cuenta cómo se luchó contra la burguesía, cómo la clase trabajadora arrebató y conquistó al poder cada derechos político, social y económico. Bueno, nos cuentan lo que nos pueden contar, pero eso y no otra cosa es lo que hay detrás de ambos museos: la contradicción entre el capital y la vida. Pudiera parecer que ambos museos no tienen nada que ver, pero ambos son el producto de nuestra sociedad, quiérase o no: ambos cuentan la historia de la sociedad en la que vivimos, de la sociedad burguesa, desde sus orígenes hasta la actualidad: del esclavismo a la explotación.

Dicen que el museo de la esclavitud es polémico, que es polémico porque se ha rebajado la cifra de personas esclavizadas. Desconozco si tiene importancia una cifra: desconozco si se puede saber con precisión cuántas vidas a lo largo de los siglos arrebató el capital. Desconozco si tiene importancia que digan que en este o aquel siglo fueron cuatro o cinco millones las personas esclavizadas. Pero sí sé que el hecho es importante: no el hecho de querer modelar la realidad –algo quizá inevitable porque al fin y al cabo el museo es obra de personas de este tiempo, construidas y moldeadas en la sociedad burguesa- sino el hecho de exponer abiertamente su pasado: sí, somos Liverpool, sí, esté ha sido un importantísimo puerto esclavista. Hecho que corrobora el que hubiese negras y negros en el museo: los museos del hombre blanco no están hechos para negras ni para negros. Ya: ni para mujeres, ni para gentes de China ni de América ni de ningún otro lugar. Los museos hechos por occidentales son para occidentales, por eso no es habitual encontrar en ellos personas que no sean occidentales. En el International Slavery Museum decenas de personas olvidadas por la historia buscan conocer su pasado y conocerse a sí mismas un poquito mejor.

Por el contrario, el People’s History Museum parece carecer de elementos polémicos, pero no es menos interesante: crítica la sociedad burguesa desde sus inicios, con sus largas y duras jornadas laborales y recoge episodios como la lucha de las sufragistas, la lucha de la minería o la lucha contra el fascismo. Y esto también encrespa a algunas personas, que rebufan en algunas de las salas más cercanas a nuestro siglo. Río Irwell un puñado de metros al norte, en la Chetham’s Library, Engels y Marx escribieron Manifiesto del Partido Comunista. El escenario de la Inglaterra de mediados del siglo XIX, con sus enormes fábricas de ladrillo rojo y chimeneas humeando, con sus días sin sol, con su lluvia y con miles de personas trabajando y caminando por caminos embarrados, debía ser, sin lugar a dudas, espectacular: rebosante de explotación, rebosante de dignidad. Un lugar propicio para la revolución.

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